Manuél Fernández y González (1821-1888) fue sin duda el príncipe de los novelistas por entregas españoles. Se le atribuyen entre 150 y 200 novelas, algunas de ellas de más de mil páginas. Lo mejor de su producción está en los primeros títulos, ya que el éxito le llevó a incrementar su producción, en detrimento de sus mejores cualidades. Vivió de forma fastuosa y dictaba a taquígrafos para mantener su ritmo prodigioso. Fue admirado y querido por sus contemporáneos, y desdeñado por la literatura académica. Murió en Madrid, arruinado y sin que su fallecimiento despertase ecos entre sus compañeros del mundo de las letras. La novela por entregas era, a la vez, un género y un sistema de trabajo. Se escribía el texto con poca antelación; a veces el escritor entregaba al editor los capítulos sólo unos días antes de su publicación. Las reacciones del público condicionaban a su vez la extensión y deriva de sus argumentos, de forma que si tenía éxito se alargaba hasta los dos o tres millares de palabras. En la novela por entrega se entremezclaba ramplonería y truculencia con bellas imágenes literarias, hallazgos verbales, descripciones brillantes y argumentos que se complicaban tanto que causa regocijo preguntarse cómo saldrá el autor del atolladero. Cualidades todas que hicieron de ella uno de los géneros más populares del XIX y que la hacen hoy merecedora de estar a disposición de nuevo del público, al menos en sus títulos más señeros. Portadista: Pablo Uría. |